Seleccionar página

LAS CAUSAS CULTURALES

Como cada último jueves del mes de abril desde que se instauró en 2010, el próximo día 25 celebraremos el Dia Internacional de las Niñas en las TIC, las Ciencias de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Con frecuencia, cuando en mis charlas en empresas y universidades hablo sobre liderazgo femenino insisto en la importancia de que las estudiantes se interesen por la tecnología. Lo explico con los datos, urgiendo a un debate que compete a toda la sociedad para animar a nuestras niñas a adentrarse con decisión en lo que serán las carreras del futuro y, por ende, las mejor remuneradas, básicamente relacionadas con la tecnología. Y digo con decisión porque, si bien es cierto el hecho de que las mujeres nos desenvolvemos magníficamente en la comunicación con empatía e intuición, no es menos cierto que las chicas consumen más tecnología que ellos, en muchas ocasiones de forma adictiva y, sin embargo, no acaba de concernirles sus tripas, lo que es relativo a su construcción, diseño, supervisión, mecánica o programación. El interés de las niñas por los estudios STEM (acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics) ha descendido en los últimos años, tanto en tecnología como en ingeniería y matemáticas.

Muchas son las razones que se imputan a este desinterés y pocas las certezas de las causas que configuran un fenómeno mundial, hasta el punto de ser ya una preocupación en Silicon Valley, por la ausencia de miradas femeninas para ponerle “alma” a las máquinas. Así es que, para intentar aproximarnos al problema, empezaremos por enunciar una primera razón de desapego como es la cultural, la que tradicionalmente ha considerado las matemáticas o las ingenierias como cosas de varones. Pongamos un ejemplo de miles como hay. Sucedía recientemente en la Universidad de Sevilla, cuando el Vicerrectorado de Servicios Sociales quiso promocionar los campamentos tecnológicos y lo hizo un cartel en que no se distinguían niñas. Fue la hija, de siete años, del catedrático de Economía Juan Torres quien, al ver la foto con tan clamorosa ausencia, exclamó: ¡papá, si no hay niñas! La publicidad adjuntaba un video con imágenes de chicos en ciento veintiséis ocasiones frente a las quince veces en que aparecían chicas, según denunció el profesor.

La razón cultural podemos conectarla con las históricas explicaciones científicas. ¿Cuántas veces habremos oído nosotras que la ciencia no es para las mujeres y hasta qué punto ese mensaje lo hemos interiorizado siendo niñas? Los “sabios” que imputaron “defectos” a las mujeres como la menstruación, “enfermedades” como la maternidad o “debilidad física” por construcción biológica, también han certificaron disminución mental femenina por el tamaño del cerebro. El más eminente de los científicos que ha estudiado la evolución humana, Charles Robert Darwin, consideró a las mujeres seres intelectualmente inferiores por causas biológicas y de selección natural. Y lo hizo, entre otras, con esta argumentación: “la diferencia fundamental entre el poderío intelectual de cada sexo se manifiesta en el hecho de que el hombre consigue más eminencia en cualquier actividad que emprenda de la que puede alcanzar la mujer, tanto si dicha actividad requiere pensamiento profundo, poder de raciocinio, imaginación aguda o, simplemente, el empleo de los sentidos o las manos. La Historia que ha oscurecido a las mujeres le negó poderío intelectual, raciocinio, e incluso habilidad manual. ¡¿Cómo sorprendernos que las niñas interioricen que ellos inventan mejor?! La absorción de los roles masculinos serían otra causa que habría determinado buena parte de la exclusión de las mujeres de las Ciencias y la Tecnología.

En mi libro #ElFindelMiedo cito la observación que hace Alexander Mendiburu, decano de la Facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Valencia, con motivo del 40 aniversario de esta carrera: “En el momento en que la Informática comenzó a llamarse Ingeniería se redujo notablemente la ratio de mujeres matriculadas, no solo en España, sino internacionalmente. Del 35 % de mujeres que la elegían para cursar estudios en los ochenta, ha caído a la mitad, hoy en día. Lo que confirmaría la suma de factores culturales para el rechazo de las mujeres a relacionarse hoy en día con la tecnología y las ingenierías.

La situación que de ello se ha derivado ha sido la rareza que han percibido las propias estudiantes por haber elegido carreras supuestamente “masculinas”, en facultades en donde ellos han sido abrumadora mayoría y ellas la excepción. Muchas son las muchachas que reconocen incomodidad por haber estudiado entre semejante desigualdad universitaria, alguna de las cuales reconoce que esa situación fue la que les impulsó al abandono y cambio de carrera.

Llegados a este punto, tenemos que analizar en una segunda entrega las inseguridades que ciertas desigualdades causan en las pequeñas. Los datos son abrumadores si bien identificado el problema, es más sencillo aplicarle la solución.