Seleccionar página

LAS PROPIAS INSEGURIDADES

En el artículo anterior en el que abordaba razones históricas y culturales que han alejado a las niñas de las matemáticas y las ingenierías y, en consecuencia, hoy en día de la tecnología, ya avanzaba los abrumadores datos que sitúan a las mujeres lejos de estas materias desde niñas.

A partir de los 6 años

Muchos son los estudios que se han realizado en los últimos años entre escolares, así es que sirva de ejemplo uno de ellos, “Gender Stereotypes About Intellectual Ability», publicado hace un año en la revista Science, considerada la biblia científica, y realizado por la Universidad de Nueva York. En él se apunta que, a partir de los seis años, las niñas comienzan a subestimarse, a sentirse menos listas que los niños, hasta el punto de que es a esa edad cuando emerge en ellas la idea de que “hay niños muy inteligentes”, categoría que mayoritariamente dejan de hacer sobre ellas mismas. Una de las pruebas se realizó a chiquillos de cuatro y cinco años, de ambos sexos. A todos se les contó una historia atractiva, protagonizada por una persona “muy inteligente”, que los niños asociaron a un varón y las niñas a una mujer. Repetido el mismo ejercicio con pequeños de seis y mas años, muchas niñas ya señalaban al protagonista como un chico. La conclusión fue que es a partir de los seis años cuando las pequeñas ya han asimilado su idea de cómo son los roles, y atribuyen a los varones fuerza, mando y brillantez y a las mujeres esfuerzo, dedicación y cuidados.

Esta sería otra razón, en consecuencia, por la cual las niñas comienzan a rechazar actividades que consideran propias de “cosas de chicos” y de “chicos muy inteligentes”, mentalidad que se acentúa de manera radical en la adolescencia, donde dramáticamente se abre la brecha de las STEM, a la vista de que únicamente el 35% de los estudiantes matriculados en estas carreras son mujeres, una media que resulta en la parte alta de la elección de las ciencias “bio” que se perciben menos agresivas, y en la parte baja en las ingenierías y las telecomunicaciones con un nivel de adhesiones femeninas que en la actualidad no llega al 20%.

La pregunta es: ¿Por qué sucede esto si todos los datos de las chicas en universidades son magníficos?

Estudios realizados por la Fundación CyD, del Banco de Santander dicen que ellas estudian más que los chicos (el 55% de los estudiantes son mujeres, su tasa de rendimiento es mayor (los créditos aprobados por ellas son diez puntos por encima de los superados por los varones), repiten menos, abandonan también en menor medida, obtienen mejores notas medias en los expedientes y acaban antes las carreras.

Lo que nos llevaría a plantearnos otra consiguiente pregunta: ¿Qué relación tiene la inseguridad en la niñas con el desapego de las mujeres hacía las STEM? Aquí traigo a colación la confesión que hace la Jefa de Operaciones y número dos de Facebook, Sherill Sandberg, en su libro Lean in donde describe el “Síndrome del impostor” que ella misma ha padecido, ese que muchas mujeres sienten cuando se enfrentan a una prueba, un discurso o un nuevo puesto laboral, que les hace suponer que son retos superiores a su capacitación. Temor a que los demás descubran su supuesta impostura. Así es como Sandberg describe la forma en que ella, siendo niña, sufría una sensación de inseguridad permanente, que le paralizaba; una autoexigencia que se imponía en la escuela y le hacía llegar a casa dudando de sus exámenes cuya evaluación final era con nota, frente a las exultantes impresiones que mostraba su hermano tras las pruebas y que, por contra, concluían con calificaciones más decepcionantes.

¿Esto quiere decir que las mujeres somos más inseguras que los hombres, que ello está escrito en nuestra propia naturaleza? Mi respuesta rotunda es que somos mas exigentes, menos satisfechas con nuestra ambición de perfección, quizás por los roles “femeninos” absorbidos y las desigualdades percibidas en relación al mayor número de noes, advertencias y peligros entre los que crecen.

Charlando con Irene Cano, directora general de Facebook en España, reflexionamos sobre el enfoque que quizás debería corregirse en torno al modo en que se imparten las matemáticas en las escuelas, sin las aplicaciones prácticas como en mayor medida demandan las chicas. Una tarea en la que debería implicarse toda la sociedad, si no queremos que las mujeres perdamos pierdan la revolución digital.