Las empresas necesitan alma, ha sido el titular que, de entre otros muchos, ha entresacado la prensa de mi conferencia en Alicante para las mujeres empresarias, profesionales y directivas de Aepa. Y no se equivocaron, porque las más de ciento veinte mujeres rompieron en aplausos ante esta apelación que las convierte a ellas en protagonistas.

Jornada muy nutritiva de conversación larga, con preguntas sobre por qué las niñas y las mujeres deberán apasionarse por la tecnología. Respuesta sin aristas: necesitamos promover liderazgos femeninos allí donde estarán los empleos más demandados, más cualificados y mejor remunerados. Y ello porque, si las mujeres no se adentran en ese mundo, en las tripas de la tecnología, la brecha digital se convertirá en la madre de todas las brechas.

Por otra parte, la sociedad necesita mujeres en la tecnología para eliminar los consabidos estereotipos que hoy se perpetúan a través de la programación de las máquinas. Se cuentan por miles los estudios que certifican cómo las máquinas responden con sesgos, probablemente introducidos, inconscientemente, por sus programadores masculinos. He aquí un ejemplo: es una cocina, hay una persona, a la cintura lleva anudado un delantal; la máquina observa desde atrás; percibe una vitro, una sartén y una espátula; por ello deduce, en un porcentaje aplastante que tal persona es una mujer. Quien ha programado esa respuesta automática es un hombre, que no concibe esa tarea como propia de su género.

La preocupación por los sesgos inconscientes, por las pulsiones de perpetuar los fuertes liderazgos masculinos como hasta ahora se habrían conocido, ha llegado Silicon Valley donde, cada vez son más las tareas: las ideas, la reflexión y la mirada pausada más allá de la técnica.

 

Esto explica que, no habiendo suficiente pasión femenina por la ingeniería, las matemáticas o la tecnología, las grandes tecnológicas en España estén dirigidas por mujeres ejecutivas, como sucede en FB, Google, TW, Amazon o HP entre otras muchas; o hayan promocionado sus brillantes directivas, desde España al mundo, como ha sucedido en Merck, IBM y recientemente Microsoft. Lo mismo podríamos decir de las empresas de movilidad y otras tantas especialidades tradicionalmente dominadas por hombres. Y es que, el mundo de la empresa ha descubierto lo que aportan las mujeres: la mano tendida que durante siglos ellas practicaron gestionando las micropymes que son las familias, a base de desplegar empatía, flexibilidad, adaptación, mediación y capacidad de solucionar conflictos. Hoy, las empresas inteligentes quieren alma y buscan estos perfiles para rellenar el círculo dorado de su causa.